INFORMACIONES COMPLEMENTARIAS PARA EL TALLER

El descubrimiento de la cianotipia

En 1842, Sir John Herschel, un reputado astrónomo y matemático ingles, descubrió la cianotipia. Un nueva técnica fotosensible que permitía crear negativos de diferentes objetos sin necesidad de usar una cámara fotográfica.

Anna Atkins, sería la primera persona en darle uso. Impresionada por las posibilidades que ofrecía, empezó a hacer pruebas con ella. Pensaba que gracias a este sistema podría realizar imágenes precisas y reales de sus amadas plantas. En aquella época la fotografía clásica también estaba en sus albores, y la propia Anna disponía de una cámara, pero el proceso resultaba mucho más complicado y costoso que las cianotipias.

Unos años antes, en 1841, William Henry Harvey, un reputado experto en algas británico, había escrito el libro A Manual of The British Algae. El manual era una guía detallada y precisa de todas las algas de las costas británicas, pero carecía por completo de cualquier ilustración.

Después de meses perfeccionando la técnica, Anna publicó el libro Photographs of British Algae: Cyanotype Impressions, una recopilación de varios ejemplares recogidos de las costas inglesas. Un trabajo que pretendía ser un complemento a la guía de Harvey.

Anna Atkins había encontrado su medio.

Hasta ahora la ilustración y los herbarios con plantas desecadas eran la única herramienta disponible que tenían los botánicos para preservar y comunicar sus descubrimientos. Además, las algas siempre suponen un problema añadido. Debido a su naturaleza resulta más complicado preservarlas. La irrupción de la cianotipia supuso una autentica revolución. Gracias a la nueva técnica se podía obtener imágenes reales. Una prueba veraz de su existencia. Y Anna Atkins fue la primera en ver ese enorme potencial.

Las imágenes que creó eran únicas. Cada ejemplar estaba dispuesto con gran delicadeza. En la parte inferior de cada lamina aparecía también el nombre de la especie, que escribía primero en un papel trasparente para que pudiera aparecer en la cianotipia. Creó incluso una bella caligrafía para el titulo y algunos detalles con pequeñas algas que dibujaban cada letra.

Anna Atkins, English, 1799-1871; New Zealand; c. 1853-1854; Cyanotype; 13 7/8 x 9 7/8 in. (35.24 x 25.08 cm) (image, sheet); Minneapolis Institute of Art; The William Hood Dunwoody Fund 2006.10

Después de ese primer libro, vendrían muchos otros. Publicó hasta dos tomos más de British Algae. Una colección que fue enviando por fascículos y que en total recogía unos 400 ejemplares. Tan solo de él se conoce la existencia de hasta 20 copias. Unos años más tarde sacaría también Cianotipias de las plantas con flores y helechos británicos y extranjeros. Una tarea titánica.

Aunque similares, lo cierto es que cada ejemplar, cada lamina, es totalmente única. Están hechas completamente a mano. Desde cortar y preparar el papel, hasta tomar las fotografías y revelarlas. Un meticuloso trabajo para el que acabo necesitando toda una cohorte de ayudantes. Tan solo para British Algae tuvo que realizar al menos 5000 originales.

Pero el tiempo acabo relegando su trabajo al olvido. Las publicaciones iban firmadas simplemente con sus iniciales, A. A., lo que hizo que un académico del siglo XIX las interpretara como «Anonymous Amateur». Tendría que pasar más de cien años para que su obra obtuviese su merecido reconocimiento.

Gracias al historiador  Larry J. Schaaf y su libro «Sun Gardens«, hemos podido redescubrir el trabajo de esta visionaria. Todavía hoy, más de un siglo después,  sus impresionantes imágenes nos siguen maravillando por su belleza y precisión. Sin duda, una mezcla perfecta de arte y ciencia.